Ovejas en Islandia: cuando el tráfico tiene cuatro patas
Las ovejas en Islandia forman parte del paisaje casi tanto como las cascadas, los volcanes o las montañas cubiertas de nieve. Durante los meses cálidos, es bastante habitual encontrarlas pastando en campos y laderas, y cuidado, también te las vas a encontrar junto a las carreteras rurales. Además, tienen una curiosa costumbre: no siempre parecen entender que el asfalto es territorio reservado a los coches. De repente, una carretera vacía puede convertirse en una especie de paso de peatones ovino. Y ahí conviene levantar el pie del acelerador.
La historia explica por qué estos animales tienen tanta presencia. Las ovejas islandesas llegaron con los colonos nórdicos durante la época de asentamiento, entre los siglos IX y X. Desde entonces, se adaptaron a un territorio duro, frío y cambiante. Su lana, carne, pieles y, en épocas anteriores, leche fueron recursos importantes en la vida rural. Además, la raza pertenece al grupo de ovejas europeas de cola corta y conserva una gran variedad de colores y tipos de cuernos.
Y aquí aparece una conexión curiosa con la mitología nórdica. No porque las ovejas aparezcan como protagonistas de grandes sagas heroicas, claro está. Pero sí porque llegaron a Islandia junto con una sociedad de origen nórdico que trajo consigo animales, costumbres, creencias y formas de organizar la vida rural. Incluso el perro pastor islandés tiene sus raíces en los animales que acompañaron a los primeros colonos. Así que, aunque una oveja no vaya a enfrentarse a Thor en una saga medieval, forma parte de la misma historia cultural que ayudó a construir el país.
Ovejas en Islandia: una tradición que todavía está viva
Otro apunte. Durante el verano ocurre algo bastante peculiar y es que, después de la época de partos, los rebaños salen a pastar por campos, montañas y zonas abiertas. En determinadas regiones pueden recorrer grandes extensiones de terreno. Por eso, ver ovejas durante un viaje por el interior o por zonas rurales no es una puesta en escena pensada exclusivamente para turistas: es parte de una actividad ganadera que sigue formando parte de la vida islandesa. De hecho, junio, julio y agosto suelen ser los meses en los que resulta más habitual encontrarlas junto a las carreteras.
Sin embargo, cuando llega septiembre cambia el guion. Las ovejas que han pasado el verano dispersas deben regresar a las granjas. Y aquí entra en escena el réttir en Islandia, una de las tradiciones rurales más características del país. Los ganaderos, familiares, voluntarios y, en algunos casos, jinetes se reúnen en las montañas y reúnen los animales antes de llevarlos a corrales circulares donde se separan según su propietario. No es precisamente una reunión de vecinos con café y pastas: requiere horas de trabajo, animales, caballos, perros y bastante conocimiento del terreno.
El día en que las ovejas vuelven a casa
El sistema tiene algo fascinante porque combina trabajo y comunidad. Los pastores de ovejas en Islandia pueden recorrer grandes áreas a pie o a caballo y trabajar junto a perros y otros ganaderos. En algunos lugares, la recogida dura varios días y termina en una celebración. Antiguamente, además, estos encuentros tenían una importancia social enorme: eran ocasiones en las que familias rurales dispersas podían reunirse, intercambiar animales y mercancías y ponerse al día después del verano.
Hoy el contexto es distinto, pero el espíritu permanece. Las fechas del réttir cambian según la zona y la organización local. En 2026, por ejemplo, el calendario publicado por Bændablaðið recoge reuniones desde mediados de septiembre y algunas incluso a comienzos de octubre. Por tanto, quien quiera coincidir con una de ellas debe consultar las fechas concretas de la zona que visita, no asumir que existe un único día de «recogida nacional».
- Las ovejas no están siempre junto a la carretera. El verano es la época más fácil para encontrarlas en libertad, mientras que en invierno la mayoría permanece resguardada en las granjas. Por eso, un viaje estival por el campo islandés ofrece muchas más posibilidades de encontrarse con ellas.
- Septiembre es el mes del gran reencuentro. El réttir reúne a los animales después de su temporada de pastoreo y permite observar una tradición agrícola que continúa muy vinculada a las comunidades rurales. Las fechas, eso sí, dependen de cada zona.
- No todas las ovejas son blancas. La raza presenta una variedad notable de colores y patrones, además de animales con cuernos y sin ellos. Algunas incluso pueden desarrollar cuatro cuernos. La genética de la raza es bastante más interesante de lo que su aspecto tranquilo podría sugerir.
- Existen ovejas líderes. Las llamadas forystufé, o leader sheep, constituyen una población reconocida por su comportamiento de liderazgo. Tradicionalmente se valoraban por su capacidad de situarse delante del rebaño y moverse con seguridad por terrenos difíciles. Hay incluso relatos sobre animales capaces de anticipar cambios de tiempo.
- Si conduces, recuerda que no son decoración. Una oveja puede cambiar de dirección de repente, especialmente si intenta reunirse con su cría o con el resto del rebaño. En las carreteras rurales conviene reducir la velocidad y dejar espacio suficiente. Es una regla sencilla: el coche tiene frenos; la oveja tiene criterio propio.
Así que las ovejas en Islandia son mucho más que una anécdota simpática durante un viaje. Representan una parte de la historia agrícola del país, siguen formando parte del paisaje y, cada otoño, protagonizan una tradición que reúne a comunidades enteras. Y quizá ahí esté su mayor encanto: mientras el visitante busca volcanes, glaciares y auroras, una oveja islandesa puede recordarle, sin hacer absolutamente ningún esfuerzo, que también ha llegado a un país con una vida rural propia.
