Tradiciones

¿Por qué hay tantas aguas termales de Islandia?

aguas termales de Islandia

Si hay algo que Islandia se toma muy en serio es calentar el agua. Las aguas termales de Islandia aparecen en paisajes volcánicos, valles, zonas rurales e incluso junto al océano. Algunas son piscinas naturales; otras brotan a temperaturas que hacen que acercarse demasiado sea una pésima idea. La explicación, sin embargo, no está en una misteriosa afición nacional por llenar bañeras gigantes. Islandia se encuentra en una zona geológicamente muy activa, y eso convierte el calor del subsuelo en uno de sus grandes recursos naturales.

La clave está en el agua que se filtra hacia el interior de la tierra. Allí entra en contacto con rocas calientes, intrusiones magmáticas o sistemas geotérmicos y aumenta su temperatura. Al calentarse, el agua asciende de nuevo hacia la superficie a través de fracturas y estructuras permeables del terreno. Por eso existen zonas de baja temperatura y otras de alta temperatura, donde aparecen fenómenos como fumarolas, depósitos minerales, pozas calientes y géiseres. De hecho, el nombre internacional «geyser» procede de Geysir, en Haukadalur.

Además, la geología islandesa explica buena parte de sus paisajes más famosos. La misma actividad que alimenta muchas fuentes termales ha contribuido a crear volcanes, campos de lava y otros escenarios que atraen a viajeros de todo el mundo. Por ejemplo, quienes visitan la cascada Háifoss pueden descubrir en el sur de Islandia un paisaje profundamente marcado por el vulcanismo y la acción del agua. Así, una ruta por Islandia permite pasar en pocas horas de una cascada espectacular a un área geotérmica donde el suelo literalmente parece estar cocinándose por debajo.

Aguas termales de Islandia: del calor del subsuelo a la vida cotidiana

La importancia de las aguas termales de Islandia va mucho más allá del turismo. La geotermia forma parte de la vida cotidiana del país y se utiliza desde hace décadas para calefacción y agua caliente. Según la autoridad energética islandesa, alrededor del 90 % de la energía empleada para calefacción doméstica procede de recursos geotérmicos. Además, el aprovechamiento de esta energía comenzó a desarrollarse a gran escala durante el siglo XX.

Por tanto, hablar de geotermia en Islandia no es hablar únicamente de volcanes y piscinas para turistas. Es hablar también de una infraestructura energética que permite llevar agua caliente a numerosos hogares mediante sistemas de calefacción urbana. En otras palabras, para muchos islandeses el agua caliente que sale del grifo no es simplemente agua calentada en casa: procede de un territorio que guarda una enorme reserva de calor bajo sus pies.

El curioso viaje de una gota de agua islandesa

La próxima vez que te sumerjas en unos baños termales en Islandia, piensa en el recorrido que ha podido hacer esa agua. Primero se infiltra en el terreno. Después, el calor del subsuelo eleva su temperatura y, finalmente, la presión y las fracturas de las rocas permiten que vuelva hacia la superficie. El resultado puede ser una fuente natural, un manantial templado o un sistema geotérmico mucho más complejo. La naturaleza, en este caso, ejerce de calentador gigante y no necesita enchufe.

Además, no todas las experiencias termales son iguales. Algunas instalaciones aprovechan directamente recursos naturales concretos y otras utilizan agua geotérmica dentro de espacios diseñados específicamente para el baño y el descanso. Por eso, visitar diferentes lugares permite descubrir cómo los islandeses han convertido un fenómeno geológico en parte de su cultura y de su forma de disfrutar del tiempo libre.

  • Hvammsvík: bañarse junto al Atlántico. En Hvalfjörður, a unos 45 minutos en coche de Reikiavik, Hvammsvík cuenta con ocho fuentes termales naturales de diferentes tamaños y temperaturas que se encuentran junto al océano. Algunas mantienen el calor y otras pueden variar con la temperatura del Atlántico. El contraste entre el agua caliente, las montañas y la costa convierte el baño en una experiencia especialmente singular.
  • Krauma: agua directamente relacionada con Deildartunguhver. En Reykholt, en el oeste de Islandia, Krauma utiliza agua procedente de Deildartunguhver, una fuente termal con un caudal aproximado de 180 litros por segundo a unos 100 °C. El agua se enfría antes de llegar a las piscinas, donde existen cinco baños calientes y uno frío. Aquí la geología se entiende especialmente bien: primero observas la potencia de Deildartunguhver y después puedes experimentar el recurso de una manera completamente distinta.
  • Vök Baths: agua caliente flotando sobre un lago. En el este, junto a Urriðavatn y a pocos minutos de Egilsstaðir, Vök Baths ofrece piscinas geotérmicas flotantes conectadas con el lago. La experiencia combina agua caliente natural, paisaje y una arquitectura integrada en el entorno. Es un ejemplo perfecto de cómo las aguas geotérmicas de Islandia pueden convertirse en una experiencia contemporánea sin perder su relación con la naturaleza.
  • Geysir: donde empezó el nombre de los géiseres. En Haukadalur se encuentra Geysir, el fenómeno geotérmico que dio nombre a todos los «géiseres» del mundo. Aunque el propio Geysir lleva mucho tiempo sin mantener una actividad eruptiva regular, la zona continúa siendo un excelente ejemplo de la actividad geotérmica islandesa y alberga otros fenómenos, como Strokkur.
  • Una tradición que se convirtió en identidad. El baño en aguas calientes no es una invención reciente para entretener al turista. El aprovechamiento directo de la geotermia para bañarse y lavar forma parte de la historia islandesa, mientras que la utilización de esta energía para calefacción fue desarrollándose progresivamente hasta convertirse en una pieza fundamental de la vida moderna del país.

En definitiva, las aguas termales de Islandia existen en tal abundancia porque el país combina agua, fracturas geológicas y una fuente de calor interna extraordinariamente activa. Pero lo verdaderamente fascinante es lo que los islandeses han hecho con ese regalo geológico: calentarse, bañarse, producir energía y convertir el agua caliente en una experiencia que forma parte de la identidad del país. Por eso, cuando viajes a Islandia, una piscina termal no es simplemente una parada para relajarte: es una forma de meterte, literalmente, en la geología del país.